Seguridad y efectividad de un fármaco

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Autor para correspondencia: MVZ. Miguel Ángel Díaz Robles.

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El uso de fármacos en la ganadería ha sido una práctica común para tratar, prevenir y diagnosticar enfermedades, asegurando la sanidad animal y por ende, la calidad de los alimentos que producen, pero su uso excesivo ha generado un desafío: la resistencia antimicrobiana (RAM). Esta resistencia ocurre cuando los microorganismos como bacterias, virus, hongos y parásitos desarrollan mecanismos para resistir los tratamientos con antimicrobianos, haciendo ineficaces los antibióticos que antes funcionaban. Esto tiene un impacto directo en la salud animal y humana, y afecta la rentabilidad de las explotaciones. El abuso de antibióticos es particularmente preocupante, ya que las enfermedades respiratorias, digestivas y articulares, comunes en el ganado, son frecuentemente tratadas con ellos. Sin embargo, al tratarse de infecciones bacterianas repetidas veces, las bacterias pueden volverse resistentes. Esto no solo eleva los costos de tratamiento, sino que pone en riesgo a toda la cadena de suministro alimentaria al crear bacterias resistentes que pueden afectar la salud humana.

El análisis de fármacos veterinarios ayuda a verificar que esos tengan la seguridad y la eficacia requerida para ser administrados para garantizar el cuidado de la salud animal. Estos análisis permiten identificar posibles riesgos y asegurar que los medicamentos cumplan con los estándares de calidad necesarios. Se evalúa la eficiencia del medicamento para asegurar que cumpla con su propósito terapéutico. Los análisis de medicamentos veterinarios permiten evaluar su biodisponibilidad, es decir, como se absorben, distribuyen y eliminan en el organismo animal. Esto es fundamental para asegurar que el medicamento se puede utilizar de manera efectiva y segura. Los análisis de estabilidad de los medicamentos veterinarios garantizan que los productos mantengan su eficacia y calidad a lo largo de su vida útil. Esto evita cambios indeseables en su composición y asegura que el medicamento sea efectivo hasta su fecha de vencimiento.

Mucho de los fármacos en uso actual se desarrollan mediante la observación inicial de un posible efecto de una sustancia, seguido de experimentos realizados en animales. Sin embargo, muchos fármacos se están diseñando específicamente en un laboratorio. Tras identificar los cambios anormales, tanto bioquímicos como celulares, causados por una enfermedad pueden diseñarse compuestos que eviten o corrijan tales anomalías de forma específica. Cuando un nuevo diseño compuesto parece prometedor, su estructura generalmente se modifica muchas veces para optimizar su efectividad y seguridad.

Idealmente un fármaco es;

· Altamente selectivo respecto a su diana terapéutica y tiene escasos efectos o ningún efecto sobre los demás sistemas orgánicos; es decir, carece de efectos adversos o bien estos son mínimos.

· Muy potente y eficaz: se puede administrar a bajas dosis, incluso en el trastorno de difícil tratamiento.

· Efectivo cuando se toma por vía oral (bien absorbido por el tubo digestivo); de uso practico.

· Razonablemente estable en los tejidos y fluidos corporales: así, idealmente, basta con una sola dosis al día (los fármacos de acción más rápida pueden ser los fármacos de elección para trastornos que solo requieren un tratamiento breve).

Sin embargo, es esencial comprender tanto sus ventajas como las desventajas. Por un lado, la utilización adecuada contribuye a la producción de carne y productos lácteos de alta calidad al mantener animales sanos. Mientras que el empleo irracional de fármacos conlleva riesgos significativos, como la aparición de resistencias bacterianas y presencia de residuos, planteando grandes problemas en la seguridad pública. La seguridad y la efectividad son los dos principales objetivos en el desarrollo de un fármaco. Sin embargo, la seguridad es relativa dado que todo fármaco puede ser tanto perjudicial como beneficioso, a mayor seguridad más utilidad, es decir, cuando más amplio sea el margen de seguridad de un fármaco mayor será su utilidad. Obviamente, un fármaco (o cualquier tratamiento médico) debe usarse cuando va a beneficiar al paciente. El beneficio tiene en cuenta tanto la capacidad del fármaco para producir el resultado deseado (eficacia), y el tipo y la probabilidad de efectos adversos (seguridad).

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